Erasmo volteó a verlo como si no entendiera su insistencia, y le preguntó:
—¿Qué pasa contigo? Cuando pasó lo de Fernanda decías que el amor no era lo tuyo, ¿y ahora me das consejos?
—Es que... yo no soy un videojuego tan bueno. En cambio, tú eres un clásico, como Dark Souls, Halo, o incluso Tetris. Lo que pasa es que Frida no sabe valorar...
—No digas su nombre —advirtió Erasmo, con la irritación raspando su lengua.
—Lo siento.
Alfredo se recargó en la grada sin saber qué decir. Erasmo lo miró de reojo, y después de soltar una bocanada de aire visible, comentó:
—No es por ti, es sólo que no quiero escuchar ese odioso nombre.
—Aun así, no sé por qué te preocupa... dentro de un año no volverás a verla.
—No la volveremos a ver, querrás decir. —Erasmo giró hacia él con extraña emoción—-. ¿Ya viste las carreras de la universidad que te dije?
—Sí, pero...
—¿Y cuál te llama la atención?
Alfredo mantuvo el silencio un momento: no quiso mirarlo. Supo que ese cambio de actitud venía porque Erasmo odiaba hablar de Frida, sin embargo, el tema que escogió de carnada era peor; en cierto modo le había devuelto la carta. Alfredo, luego de mantenerse absorto en el suelo de las gradas durante un par de segundos, contestó:
—Hace tiempo dijiste que podías hacer examen a una mejor universidad fuera del país. ¿No era eso lo que tu papá quería? Puede que allá te vaya mejor y...
—¿Qué...? —Erasmo se puso de pie, indignado; Alfredo lo miró—. Creí que íbamos a salir de aquí juntos. Incluso había ido a ver los departamentos para ver cuál nos convenía. ¿Por qué de repente te echas para atrás? ¿Es por lo de Alberto? ¿Te molestó que me saliera de la banda?
—No, no es eso, Erasmo. Simplemente tu vida podría mejorar mucho si te vas del país. Yo, bueno. —Alfredo miró al suelo y sonrió sin alegría—. Yo soy un caso perdido… Aparte, si dejo a mis padres solos, no sé qué pueda ocurrirles en el futuro.
Erasmo miró de reojo al paisaje, como si tratara de buscar una solución ahí. Había algo extraño en la mirada de Alfredo, quizá melancolía o decepción, pero no sabía el porqué. Erasmo, luego de pensar, volvió a tomar asiento y abrazó a su amigo de lado mientras le preguntaba:
—¿Pasó algo?
—No es nada. Sólo pensé que tú quizá hubieras preferido irte lejos de aquí y seguir con tus proyectos. A fin de cuentas, ya no hay nada que te ate a este lugar.
—Bro, mis proyectos puedo financiarlos yo mismo. A ustedes no los cambiaría por algo tan tonto como el dinero. Después de todo somos amigos, y los amigos siempre están para el otro hasta la muerte. ¿No es así, amigo?
Alfredo sonrió mientras reflexionaba en voz alta:
34