5. YO SOY...
La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita.
— Oscar Wilde.
La mayoría de las personas son otras personas. Sus pensamientos son las opiniones de otro, su vida un remedo, sus pasiones una cita.
— Oscar Wilde.
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Erasmo leyó el contrato: no vio nada fuera de lo normal. Todo lo que había en él eran cosas que Jonathan ya les había mencionado antes. Lo firmó, aunque… a mitad de la firma paró, como si un mosco le picara en la duda. Jonathan volteó hacia él con algo de confusión. Después de un breve momento donde Erasmo negó con la cabeza, continuó su firma.
Xanndro y Alberto fueron los últimos; eran los más convencidos, por lo que ni siquiera leyeron.
Después de que firmaran, Jonathan guardó las hojas en el folder, apagó el proyector y las luces, y caminó a la salida. Ahí les dijo que lo siguieran. Completamente callados, todos hicieron caso, excepto Alfredo. Erasmo se percató de esto y lo llamó débilmente. Alfredo resurgió de su trance. Captó que todos salían, como si nada hubiera ocurrido. Ahí, por mucho que le doliera, comprendió en su amargura que la vida no esperaría por él.
Alfredo aceleró hacia la salida, sin embargo, antes de cerrar la puerta, vio detrás suyo por última vez. Su mirada descompuesta buscaba algo de vida, o al menos entender las razones de su tragedia.
Pero solo hubo oscuridad.
Sabía que, aun quemando la página, esa imagen lo iba a perseguir hasta el día de su muerte.
Ya fuera, Jonathan los guio por el pasillo principal hasta llegar a otro cuarto del extremo contrario: menos amplio, pero más formal. Las paredes brillaban de blancura y había una mesa de reuniones en el centro. Lo más acogedor era quizá el mueble y el televisor de la pared frontal. Pero más importante aún era la puerta metálica de la entrada, semejante a cualquier otra del edificio, con la diferencia de estar reforzada cual caja fuerte.
Dentro, sintieron un ambiente más pacífico; quizá por ser uno de los pocos lugares donde no había cámaras. A continuación, Jonathan les dijo a los chicos que tomaran asiento. Todos escogieron una de las nueve sillas que había; Alfredo tomó el asiento contrario al frente, mientras que los demás escogieron los asientos laterales.
Tras un momento en silencio, Jonathan cerró la puerta con seguro. Fue al frente de la mesa, y con un suspiro que le confirió más emoción, comenzó a decir:
—Cuando el gobierno dejó pasar a BIMOL por primera vez, vi un escenario que pocos humanos han tenido la desgracia de presenciar. ¿Qué había podido ocasionar tal destrozo sin residuos químicos? Luego de pensarlo, todo me llevó a un solo, aunque improbable, resultado. Antimateria. —Jonathan empezó a enumerar con su mano cada característica—. Las bombas de antimateria no dejan residuos químicos, son difíciles de hacer, y pueden ocasionar un destrozo mil veces mayor que cualquier otra bomba termonuclear. —Jonathan cerró su puño y lo apoyó sobre la mesa—. Ahora, aunque no generan radiación por sí mismas, puede inducirla a materiales, pero me informaron que no se detectó radiación en ningún lado. Para no sacar conclusiones precipitadas
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supuse que fue una extraña coincidencia e intenté responder a lo importante: ¿quién?, ¿y por qué? ¿Se trataba de un asteroide?, ¿el ataque de otra nación, como insisten el gobierno y la ONU?, ¿o incluso de un grupo terrorista? Ojalá hubiera tenido la misma suerte que cuando intenté responder a la primera pregunta. Hasta el día de hoy ni siquiera las investigaciones nos ayudan. No hay registros de que viniera del espacio. Tampoco existen países que posean una bomba de antimateria, mucho menos es conocido que una pueda borrar los recuerdos con la onda expansiva. —Jonathan volteó atrás suyo, al mueble blanco de metal. Caminó hacia él—. Y podríamos dejar el misterio ahí, pero… hay más.
Con una llave que sacó de su bolsillo, Jonathan abrió el cajón. Dentro había varios VHS ordenados del uno al siete; Jonathan tomó el número uno. También tomó un control de la repisa y prendió el televisor. Todos se fijaron atentos en la imagen satelital de la pantalla. Era la sombra del apocalipsis: un círculo amorfo, partido a la mitad. Justo en la frontera de la bahía de Sian Ka’an Kun.
—Sí… exacto —continuó Jonathan—. Debieron verlo al dirigirse hacia aquí. Es como si una barrera hubiera detenido la explosión, lo que también me lleva a pensar que gracias a esa «barrera» ahora mismo no vivimos en un invierno nuclear: el polvo y el humo parecen haber desaparecido.
»Sian Ka'an Kun sobrevivió de milagro, pero quienes no tuvieron tanta suerte fueron los ciudadanos del este central, como ustedes, e incluso algunas personas del territorio cubano y estadounidense.
—¿Y esa mancha roja en el mar? —preguntó Erasmo sin apartar la mirada; las costas de México estaban rodeadas por una sangre que se difuminaba a varios kilómetros.
Jonathan pasó a otra imagen donde un grupo de señores con trajes herméticos sacaban muestras del mar rojo.
—Justo quería llegar a eso. Experimentamos con esa sustancia y descubrimos algo interesante. No se diluye, además, sus componentes químicos forman estructuras biológicas, semejantes a un ser vivo. Por sí misma es inofensiva: no afecta a plantas y animales. Sin embargo, se han registrado muertes masivas de peces cerca de Sian Ka’an Kun. Esto es porque la sustancia es muy buena almacenando energía térmica: entibia el agua y los peces no están acostumbrados a esa temperatura. No hay nada así que hayamos descubierto. Ni siquiera en la tierra.
Jonathan paró de hablar un momento y se asomó a la puerta como si buscara algún intruso ahí fuera; los chicos lo siguieron con la mirada. Jonathan, luego de asegurar su privacidad, continuó:
—Pero… hay algo peor, y el que sea peor curiosamente lo hace a la vez nuestra única pista. Aunque considero que Zofía es la más indicada para explicarles esto.
Jonathan volvió al mueble y puso el VHS en un reproductor que conectaba con la pantalla. Hubo estática, no obstante, en cuestión de segundos la nitidez aplacó. En el video se apreciaba una oficina levemente oscura y una joven que intentaba acomodar la cámara: era Zofía. Se le distinguía más la inocencia en sus facciones, y la ansiedad en sus movimientos; peinaba su cabello y limpiaba sus lentes mientras repetía susurros que no se alcanzaban a descifrar.
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Tras expulsar inquietud por la boca, Zofía se atrevió a ver la cámara. Dijo:
—Hola. Yo soy Zofía… aunque creo que eso se puede ver. —Zofía rio leve, pero lo hizo con tanta intimidad que los chicos dudaron si se trataba de algo académico. Al oír su risa de nuevo, Jonathan inclinó su cabeza. Cerró los ojos como un niño antes de dormir—. Este es el informe divulgativo número tres de mis investigaciones para la academia de BIMOL en México. —La cámara se desestabilizó y Zofía intentó arreglarla. Hubo un pequeño corte con estática. Acto seguido, Zofía estaba sentada en su oficina mientras miraba a un punto muerto del espacio. Poco después, preparó su voz—. 2046. Quizás el año más importante para la física. Histórico. Lleno de éxitos en cuanto a la exploración del vacío y su energía. Los experimentos avanzaron tanto ese mismo año que descubrimos la posibilidad de perturbar el espacio hasta el punto de crear un fenómeno espaciotemporal al que llamamos núcleo de energía oscura. Y todo gracias a una composición de minerales dentro de un meteorito.
Zofía soltó una carcajada seca. Miró a la cámara.
—Les llamamos núcleos porque realmente no sabemos a ciencia cierta qué es lo que son; interactúan de manera cuántica con el espacio. Creemos que son algo así como primos de los agujeros negros, pero no son lo mismo debido a una propiedad esencial. —Zofía tomó de su costado una pequeña caja de madera con un sistema que modificaba su tamaño—. Para ponerlo en términos más sencillos, imaginen que tienen una caja y meten algo dentro de ella. Más tarde regresan a sacar lo que metieron, pero se dan cuenta que el espacio dentro se duplicó. Sin embargo, por fuera sigue siendo la misma caja. Bueno, eso es lo que son los núcleos de energía oscura. Parecen crear espacio de la nada…
Zofía calló y miró al suelo. Después de pensar un poco, volvió a la cámara con emoción y dijo:
—Creí que habíamos descubierto algo fantástico. Gracias a esto pudimos volver realidad los agujeros de gusano. La entrada para viajar a cualquier rincón del universo sin restricciones, y así fue… hasta que di con un problema teórico hace unos días: los núcleos inestables. —Zofía se apartó y dio paso a un pizarrón que tenía dibujadas varias esferas de distintos tamaños—. Los núcleos inestables son algo que surge en casos específicos donde no se tiene un área controlada a la hora de crearlos; puede ser una malformación por choque de energía lo que los cause. Si los cálculos son correctos, estos núcleos se diferenciarían de otros porque con el tiempo aumentan su tamaño exterior sin parar, como una caja real… —Zofía paró a reflexionar—. Si un día nos encontramos con uno de ellos, hipotéticamente puede que ocurra una de tres opciones. La primera es que desaparezca por culpa de la gravedad, por desgracia, al ser algo creado, también es la menos probable. La segunda opción es que el núcleo crezca sin parar, tarde o temprano acabaría por absorber a toda la tierra, y luego, quién sabe cuándo pararía. Y la tercera opción, que es la peor, es que se genere la descomposición del vacío en un punto crítico. —Zofía miró al pizarrón, como si algún demonio estuviera ahí—. Pero… sólo es algo teórico. En dado caso de querer generar algo así, el choque energético tendría que ser devastador. Espero que nunca lleguemos a generar uno porque hasta el momento no hay manera de pararlo… o al menos no una eficiente... —Después de quedarse
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de nuevo en silencio, Zofía miró a la cámara, dudosa. En aquel instante la voz de un hombre la llamó: era Jonathan, más joven—. Fin del informe.
El video terminó con el azul y la estática absorbiendo la pantalla. Después de un momento, el VHS se rebobinó. Jonathan abrió los ojos a la par, como si hubiera viajado en el tiempo por un instante; todos esperaban a que dijera algo. Él se tomó su tiempo, y después de soltar una bocanada de aire sigilosa, les dijo con voz débil:
—Ante todo pronóstico, Zofía pudo completar su invención más preciada: las cápsulas del sueño. —Jonathan fue al reproductor, quitó el VHS y lo regresó con los demás—. Ella estaba muy comprometida… obsesionada con su trabajo. Prefirió arriesgar su vida en el nombre de un sueño antes que experimentar con los demás. La prensa, e incluso parte de su familia, la tachaban de alguien infantil. Creían que sus trabajos estaban sesgados por su juventud… pero al final el tiempo demostró que tenía razón. —Jonathan cerró el cajón con llave. Miró con seriedad a los chicos mientras devolvía el valor a su voz—. Debajo de sus asientos, aproximadamente a mil metros de distancia, adivinen qué se encuentra.
Todos los chicos miraron con terror al vacío, como si pudieran ver al núcleo tragarlos desde abajo. Jonathan continuó:
—Cuando me enteré de esto quise a toda costa eliminarlo. Más porque detectamos que el núcleo parece estar conectado con otro igual de inestable; esa es nuestra pista. Quizá se encuentre en otro planeta porque no hemos visto otra anomalía así en la tierra. Si reducimos su tamaño podríamos descubrir de dónde viene, y en su defecto, el origen del apocalipsis. Y a pesar de que no hallé nada en un inicio, di con una forma de estabilizarlo gracias a que Zofía dejó informes de sus exploraciones antes de morir: información que solo está en manos de su familia más cercana. Ni siquiera el gobierno sabe esto. Por ello quizá nunca hayan oído hablar de lo que ella encontró en los planetas, o de siquiera si su proyecto tuvo éxito. —Jonathan paró, recargó sus manos en la mesa, y como si les contara algo a sus amigos, continuó—: hace años le pedí al segundo al mando de BIMOL que me permitiera ver los informes de exploración de Zofía. Varios de su familia se lo negaron al saber que era yo; solo pudo rescatar algunos videos.
»Después de verlos no supe a ciencia cierta si Zofía descubrió vida o no. Sin embargo, lo que sí descubrí es que encontró una forma de liquidar a los núcleos inestables. —Jonathan comenzó a caminar alrededor de la mesa—. Una cosa imposible que contrarresta a la energía oscura. Zofía le llamó energía blanca. Utilicé las cápsulas del sueño para enviar a mis soldados a los planetas donde Zofía indicó que se encontraba tal cosa. Varias misiones fallaron debido a que perdíamos conexión con los soldados. En la última, perdimos contacto con el tío y el padre de Alberto debido a la presencia de una extraña criatura.
Erasmo y Alfredo voltearon hacia su amigo, pero éste no hizo ninguna expresión. Jonathan continuó:
—No mucho después el gobierno y la ONU se enteraron de lo que hacía. Me prohibieron las misiones porque según ellos era inmoral mandarlos a morir sin resultados. Yo les dije que lo había
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descifrado, había dado con la forma de poder hacer que la misión tuviera éxito, solamente necesitaba una oportunidad más. Pero ni el gobierno ni la ONU hicieron caso: a ellos les conviene que las personas no sepan esto. Quieren culpar a Rusia de todo este desastre, manchar su imagen aún más después de una guerra. Qué irónico. Me obligaron a firmar un acuerdo donde les concedía el registro de cada soldado y sus tareas día con día; no dudo que esos ineptos también hayan metido a espías para vigilarme. Por fortuna, los únicos que no aparecen en ese registro son Alberto y Xanndro, ya que ellos están bajo mis órdenes de manera informal, como unos viejos amigos.
—¿Y cómo es que dio con la forma? —preguntó Alfredo—. Si todas las misiones anteriores fracasaron.
Jonathan paró un momento a pensar, como si dudara de tener la respuesta. Luego de una mirada al vacío, volteó hacia Alfredo y dijo:
—Yo tengo la certeza de que ustedes serán distintos: son la última oportunidad que tenemos.
—¿Eso es todo? —preguntó indignado Alfredo.
Jonathan analizó su rostro, y un momento después, mencionó confiado:
—En situaciones así no tengo permitido perder más... Zofía dijo que deberíamos tener más fe en nosotros, es por eso por lo que como profesional les pido: tengan fe en mí. Nadie me hizo caso sobre el peligro del núcleo y puede que nos vayamos al carajo en un par de años si no lo detenemos. Desde que el apocalipsis ocurrió luché para que todo saliera a la luz, pero al gobierno solo le interesaba su campaña y me lo prohibieron. Estados Unidos, bueno… ellos vinieron con el traje de un borrego: representantes de la ONU, y solo buscan que esta tragedia les funcione a sus intereses. Ahora ya es demasiado tarde. Si les decimos a la gente que todo este tiempo un núcleo debajo de la instalación nos puede matar, se generará un caos social en contra de BIMOL, e incluso el gobierno puede destituirnos, y yo no pienso permitir que manchen el nombre de mi esposa.
Jonathan miró directamente a todos, y aunque su rostro mantenía enojo, esta vez reflejaba otra cosa: preocupación, o al menos algo parecido. Alfredo no dudó en reclamarle:
—¿Y por qué no nos dijo esto antes? ¿No era más sencillo revelarnos que corríamos peligro?
—Como dije, no cualquiera sabe esto. La información es peligrosa. Primero tenía que asegurarme de su sensatez a la hora de manejar este poder... Además, si les hubiera dicho que el planeta corría peligro, ¿hubieran sido ustedes quienes arriesgarían su vida sólo por la humanidad?
Hubo silencio. Nadie quería responder esa pregunta porque sabían profundamente que la respuesta era no. Cualquiera podría decir que es fácil subirse a un juego mecánico gigantesco, pero no cualquiera lo haría estando en la situación.
—Eso creí —dijo Jonathan al ver que no respondían—. Todos tenemos intereses distintos y no los culpo por ello. Sé que entre mayor sea el interés de una persona, más se comprometerá con el trabajo… y en ocasiones necesitamos un empujón para hacer las cosas.
Jonathan miró de reojo a Alfredo. Él, con el ceño fruncido, le regresó la mirada. Ya en su lugar, Jonathan recargó las manos sobre la mesa. Se inclinó a ellos.
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