6. LOS EXTRANJEROS.
Mamá tenía la idea, y la repetía a menudo, de que uno acaba por acostumbrarse a todo.
— El Extranjero, Albert Camus.
Mamá tenía la idea, y la repetía a menudo, de que uno acaba por acostumbrarse a todo.
— El Extranjero, Albert Camus.
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—Las cápsulas del sueño funcionan con un mecanismo complejo, pero a la vez intuitivo —comenzó a decir con una tranquilidad apresurada—, así que, por favor, pónganme toda la atención del mundo.
Jonathan guardó silencio. Miró a todos con calma y curiosidad. Lo miraban de igual forma, inseguros por su silencio, como alumnos al maestro más estricto de la escuela.
—¿Alguna vez han enviado un recado a sus amigos durante clase? —preguntó Jonathan.
Nadie respondió durante los próximos segundos. Erasmo inclinó la cabeza al rato, y casi como si tuviera miedo de que lo regañara, preguntó:
—¿Recados?
—Sí, ya saben. Esos papeles entre amigos que se compartían sin que el profesor los viera. A veces a través de otros compañeros. ¿Lo han hecho?
Sin saber a qué venía ese tema, Erasmo contestó con lentitud:
—Sí.
—Bueno. —Jonathan sacó de su pantalón una placa hexagonal y la colocó sobre la mesa: era del tamaño de un celular, aunque un poco más flaca. En un lado estaban incrustadas dos esferas magenta, como canicas; mientras que del otro sobresalían tres agujas—. Quiero que imaginen que esta pequeña placa es el papel. Ustedes son el mensaje.
Los chicos voltearon a la placa y la analizaron aún sin captar lo que quiso decir. Jonathan continuó:
—Aunque me gustaría darles una solución fácil para viajar, la realidad es que las naves que viajan a años luz están a años luz de inventarse. Ahora mismo lo mejor que tenemos es esto. Enviaremos al planeta una placa metálica similar a esta, pero más pequeña. Más que nada, para que la energía requerida no sobrepase la existente en el universo. —Algunos se mantuvieron en la placa, otros volvieron a Jonathan—. El lanzamiento se hará desde aquí, pero se procesará a través de un portal que da al centro de investigaciones lunar de BIMOL. Hacemos esto porque el roce de la atmósfera podría perjudicar la trayectoria de la placa. Una vez en el espacio, la propulsión por curvatura se encargará del resto.
—¿Y cómo es que una placa va a ayudarnos a viajar? —preguntó Erasmo.
Jonathan señaló una de las pequeñas esferas que sobresalían de la placa.
—Dentro de esa esfera rosa hay un agujero de gusano entrelazado cuánticamente con otro dentro de las capsulas. Cuando estemos seguros de que la placa llegó al planeta, expandiremos ambos agujeros. Se creará un puente, que fungirá como los compañeros de clase del recado, y ustedes lo atravesarán. —Jonathan hizo una pausa, agarró la placa, y miró a todos—. Para traerlos de vuelta, antes de salir, tendrán que incrustarse otra placa de metal en la parte trasera de su cuello; es igual a esta. A diferencia de la otra, aquí tenemos dos agujeros de gusano pequeños. Los pueden identificar porque están dentro de éstas dos esferas de aquí. Uno es para la comunicación, y otro para el viaje de vuelta. En pocas palabras, es el mismo proceso, pero a la inversa: se proyectará un
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agujero de gusano detrás de sus cuellos hasta agrandarse, y todos deberán saltar sobre él. ¿Quedó claro?
Jonathan miró a los chicos y estos le asintieron con la cabeza: apenas entendieron una palabra de lo que dijo. Jonathan se percató de que su analogía no surtió efecto en ellos, suspiró con un aire derrotado, y les comentó:
—Lo entenderán mejor cuando viajemos. Es seguro, no se preocupen. Incluso me atrevería a decir que es más seguro que una nave; hay una computadora cuántica que se encarga de analizar con precisión los posibles trayectos y aterrizajes al planeta para escoger el mejor. Solo quiero que sean conscientes de algo; grábenlo bien en su mente porque es la diferencia entre morir o salir vivo. Como el proceso para traerlos de vuelta es lento, nos llevará de seis a diez minutos expandir el agujero de sus cuellos.
Jonathan volteó a donde los médicos y les señaló el lado de las agujas.
—Mientras tanto, el equipo Beta proporcionara al equipo Zeta todo tipo de apoyo cuando sean heridos o infectados. La ayuda será enviada a través del agujero de comunicación y se procesará por las agujas; por eso mismo incrustamos la placa en su cuello. A cada doctor se le asignará un explorador a su cuidado. La placa tiene un dializador y una antena que emite radiofrecuencias para saber su posición de acuerdo a los satélites espaciales. ¿Alguna pregunta?
—¿Cómo vamos a traer esa energía? —preguntó Erasmo; tenía días sin dormir por aquella duda—. Se supone que la energía no es algo material.
Jonathan levantó una ceja y lo miró con sorpresa.
—Tienes toda la razón —dijo—. En realidad, aunque se llame energía, no lo es. Pero como mencionó el padre de Zofía: los científicos no somos los mejores poniéndole nombre a las cosas; ese es el trabajo de los filósofos. Podemos decir que la energía blanca que buscamos es una sustancia con la capacidad de interactuar cuánticamente con el espacio y reducirlo, semejante a cómo la interacción nuclear fuerte mantiene unidos los núcleos atómicos. Las investigaciones de Zofía dicen que está resguardada en contenedores pequeños que parecen de cristal, como canicas. Deben de buscar bien; ya les mostré cómo usar los detectores. Pero si se encuentran con otra cosa que no sea lo que les acabo de mencionar, repórtenlo y pensaremos una forma de traerlo. ¿Dudas?
Alfredo levantó la mano, con algo de temblor por no entender nada. Jonathan se dio cuenta de esto y le dio la palabra.
—El planeta al que iremos… ¿cómo es?
Jonathan fue hacia atrás, tomó el control de la repisa y prendió el televisor. Todos vieron la pantalla. Era un planeta gris, de flora pastel, como si estuviera construido por plastilina. Lo más familiar era un pequeño mar en la región suroeste.
—Este es el planeta —dijo Jonathan mientras señalaba ciertos puntos de la imagen—. Orbita una enana roja y su atmósfera es un poco turbulenta. Los últimos soldados que fueron mencionaron que era un lugar con mucho viento. Más allá de eso no sabemos nada. Pero reitero, es el segundo planeta descubierto por BIMOL. Por el momento dejaremos a un lado al primer
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planeta. Tengo pensado visitarlo si es que tenemos éxito en tres misiones ya que existe un peligro que de momento es mejor evitar; es la excepción de la que les hablé. Además, la energía blanca contenida ahí no es significativa. ¿Otra pregunta?
Alfredo quiso preguntar más cosas, pero cada que abría la boca, un hormigueo en el estómago le daba pequeñas punzadas. Quería que parase, pero sabía que no iba a hacerlo hasta llegar a ese maldito planeta. Además, ya quería conocer con qué médico iba a trabajar.
Jonathan continuó:
—Bien. Terminada esta explicación demasiado simplificada, vayamos con lo importante; asignarles su pareja de trabajo... Xanndro, trabajarás con Rita. —Al escuchar eso, Rita miró a Xanndro y le sonrió con los ojos, esa sonrisa también lo contagió a él—. Alberto, trabajarás con Frank.
—Un momento —interrumpió Alberto—. ¿Quién es Frank?
—¿Qué no ya se conocían? —Jonathan le señaló al chico pelinegro de lentes.
—¿Qué rollo? —Alberto estiró la mano hacia el chico pelinegro. Frank respondió con un gesto más formal, sin decir nada.
Jonathan continuó mientras señalaba a cada uno:
—Erasmo, trabajarás con Flavio.
El chico pelirrojo estiró su mano y dijo con acento francés:
—Es un placer.
Su acento, contrario a lo que Erasmo esperó, no era tan exagerado como en las películas. Aunque… sin duda se le notaba la dificultad al pronunciar la erre, y eso le daba un toque gracioso a su hablar. Erasmo estiró su mano y la apretó.
—Mucho gusto.
—Y por último —continuó Jonathan—. Alfredo, trabajarás con Asircla
Alfredo no logró esconder una pequeña sonrisa al sentir la victoria de sus plegarias. Duró por mucho un segundo, pero Erasmo aun así se percató de ella. Asircla, por el contrario, ni siquiera expresó algún sentimiento. Solo fijó su mirada en Alfredo y le asintió, como queriendo confirmar que se trataba de él. Alfredo pudo sentir como esa mirada le presionaba el pecho. Ya con la seriedad recuperada, volvió con ella como si no pasara nada e inclinó la cabeza. Ella volvió con Jonathan sin más.
Alfredo sopló sus nervios en sigilo. Reflexionó su actitud. Podía morir allá fuera, y ni siquiera así mantenía la compostura. Se sintió el ser más estúpido del planeta.
—Bajemos y preparemos todo —dijo Jonathan mientras se ponía de pie—. El tiempo no es eterno.
Después de que cerrara con seguro, todos siguieron a Jonathan. Sin embargo, esta vez tomó una ruta más solitaria hasta llegar al elevador de reja pequeño. Entraron algo apretados y bajaron hasta el último piso.
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Tras llegar al núcleo, caminaron por el pasillo mientras miraban asombrados y con temor a la esfera negra de al lado.
En la intersección, se desviaron hacia el pasillo contrario al núcleo hasta llegar a una puerta de metal gigante, como la de un castillo. Jonathan abrió la puerta con su credencial. Dentro se hallaba una sala espaciosa, en forma de hexágono, con paneles de mando a cada lado. Cada panel tenía un tablero, y un ventanal con vistas a otros cinco cuartos casi vacíos y repletos de blancura.
—Los que saben de números —mencionó Jonathan después de entrar—, podrán ver cinco capsulas. Si les ocurre algo o si perdemos contacto, necesitaremos que alguno de los médicos vaya al planeta para saber qué les pasó, o al menos confirmar si están muertos. En la anterior reunión ya lo habíamos platicado, pero no quedó claro quién iba a ir. —Jonathan volteó hacia los médicos—. Si ya lo reflexionaron, quiero que me digan quién será el encargado para este trabajo; el pago extra ya lo platicaremos después.
Frank y Flavio se escondieron detrás del grupo para que no los observaran. Asircla y Rita quedaron hasta delante. Rita se iba a ofrecer, pero Asircla dio un paso al frente antes que ella. Con la determinación de un militar le dijo:
—Yo me ofrezco.
Jonathan miró a Asircla con aprobación, sin dejar la seriedad a un lado.
—Gracias, Asircla… parece que el valor se puede ver a simple vista. —Jonathan ojeó a Frank y Flavio un instante—. De momento, me retiro. Iré a revisar que todo vaya bien con la trayectoria y las cápsulas. Aprovechen el tiempo para prepararse; hay un baño en el lado izquierdo por si necesitan encargarse de más asuntos. Pero tomen en cuenta de que estamos a nada de iniciar.
Jonathan bajó las escaleras de un pasillo que daba hacia los cuartos blancos. Al quedarse completamente solos, Xanndro y Rita empezaron a platicar. Frank y Flavio hicieron lo mismo, pero ellos se alejaron del grupo; Alberto quiso meterse en su conversación y lo consiguió. Los únicos que se quedaron solos fueron Alfredo, Erasmo y Asircla, pero esta última se alejó de ellos para apreciar mejor las capsulas y el panel de mando.
Erasmo no dudó ni un segundo en preguntarle a su amigo:
—Te gusta Asircla, ¿verdad?
Alfredo volteó a verlo como si hubiera dicho algo fuera de lugar. Erasmo no se creyó esa mirada e insistió. No fue sino hasta el cuarto intento que Alfredo susurró molesto:
—O que la chingada, sí. Me atrae. Pero solo es un poco, no jodas.
—Se nota desde lejos —dijo Erasmo con gracia. Alfredo negó con la cabeza—. Ve a hablarle. Se ve que está muy sola en la esquina.
—No sé de qué hablar con ella. Además, no es momento para eso; estoy muy distraído desde la mañana y no quiero empeorarlo. ¿No te da miedo morir allá afuera?
—Sí me da miedo, pero con más razón me arriesgaría. —Confiado, Erasmo miró a su amigo—. No quiero quedarme con las ganas de intentar algo.
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—No lo sé… —Alfredo desvió la mirada—. Si me rechaza y muero, me iré de este mundo de la forma más patética posible.
—Pero eso no importa —le dijo Erasmo mientras lo sacudía del hombro—. Tienes que vivir más el momento. Si no luego te arrepentirás de nunca intentarlo.
Alfredo no se veía convencido, pero después de pensarlo un poco, le dijo a su amigo:
—Creo que lo voy a…
Alfredo sintió en su hombro la mano de otra persona, explotó de los nervios cuando se enteró que era Asircla. Ella les dijo con formalidad a ambos:
—Hola, mucho gusto. Creo que no hubo mucho tiempo de presentarnos hace rato. ¿Qué hacen?
Alfredo sintió cómo su corazón se salió del pecho. Entró en pánico y no supo qué hacer; quizá lo había escuchado, quizá ya sabía que estaba interesado en ella.
En un intento por ayudar a su amigo, Erasmo dijo:
—No mucho. Hablamos de una banda que teníamos antes del apocalipsis. Justo recordábamos el día en que nos presentamos en un centro de cultura. De hecho, Alfredo era el vocalista.
—Oh. ¿Y qué género tocaban? —preguntó.
Erasmo le lanzó una mirada a su amigo. Éste lo vio. Apenas pudo responder con discreción:
—Tocábamos varios géneros, pero predominaba el rock.
—Ya veo… —dijo ella. Sonrió con los ojos de manera similar a Rita—. El rock es un género divertido; me gusta mucho escucharlo en mis tiempos libres. Espero escucharlos algún día.
Hubo silencio.
Alfredo no tuvo palabras para responder, pero tampoco soportaba la incomodidad, así que, con la lengua desesperada, preguntó:
—¿No están nerviosos por la misión?
—Yo no —contestó Asircla con gracia—. Después de todo, no seré quien vaya al espacio.
—Pero tú irás en caso de que ocurra algo —dijo Alfredo, confundido por su confianza.
—Por eso confío en ustedes para que no se pierda la conexión. —Asircla rio, y con el codo, apuñaló suavemente el abdomen de Alfredo mientras preguntaba—: ¿Viste como los tontos de Frank y Flavio se escondieron cuando buscaron un voluntario para ir?
—Pero si Alfredo también tiene miedo —dijo Erasmo sonriente—. ¿No ves cómo tiembla?
—¿En serio? —Asircla volteó a verlo: Alfredo movía su talón de arriba a abajo.
Alfredo respondió:
—No le hagas caso. Está loco.
—Es normal que te sientas nervioso —dijo Asircla—. Un planeta distinto no es algo para tomarse a la ligera. Aun así, tranquilo. Haré lo posible para que vivas. Confía: estás en buenas manos.
Sonriente, Erasmo dejó a su amigo junto a Asircla y se fue con Alberto. Alfredo le gritó con los ojos que no se fuera, pero no pudo hacer mucho más. Después de un instante en el cual no supo cómo seguir, recordó la conversación que Rita tuvo con Xanndro, así que le preguntó con curiosidad:
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